El divorcio de la Constitución

No es que la Constitución vaya a divorciarse de nadie, aunque algunas leyes y algunas realidades parecen invitar a romper la relación que mantiene con la sociedad española. Es que nuestra Constitución fue la que nos trajo la posibilidad de divorciarnos.

Antes de la Constitución, el concepto del matrimonio en el régimen franquista estaba basado en ideas religiosas, viéndolo como un sacramento y una unión indisoluble (salvo conforme a las reglas canónicas) hasta la muerte de uno de los cónyuges. Aunque las personas ya no quisieran seguir unidas.

Este modelo dio motivo para obras y películas durante la transición. Sirva de ejemplo “El alegre divorciado”, con Paco Martínez Soria, en la que el protagonista viaja a México y descubre algo entonces imposible en España: ¡es posible divorciarse de su mujer!

Con la Constitución dejó de ser necesario irse al extranjero para separarse y divorciarse. Hasta que se aprobó esa posibilidad, había casos en el que el matrimonio se convertía en una condena: condenados a estar unidos hasta que la muerte nos separe. Lo que había nacido con ilusión y amor podía acabar siendo un lazo que estrangula y ahoga, que limita a las personas y las amarga. Así, había muchas situaciones de dependencia económica, maltrato doméstico, infidelidades, violencia… bendecidas por el carácter sacramental del matrimonio y amparadas por la legislación vigente durante casi 40 años.

La posibilidad de poner fin al vínculo matrimonial debe existir y debe permitirse, ya que el matrimonio es un contrato entre dos partes, y deben existir fórmulas disolverlo cuando una de las partes no quiere continuar en esa unión. Especialmente cuando hay acuerdo entre ambos cónyuges.

Desde que se aprobó el divorcio en España hemos pasado de hacerlo en dos pasos necesariamente –primero separación y después divorcio, con un plazo entre ambos- a poder optar libremente entre la separación y el divorcio. En 2005 nació el llamado divorcio express, que no es otra cosa que el solicitado por ambos cónyuges de mutuo acuerdo a la vez y en el mismo documento. En este tipo de disolución conyugal es necesaria la intervención de juez, abogado y procurador, siendo muy conveniente acudir a expertos como Roces Castaño abogados especialistas en divorcio express, puesto que finalizar ese vínculo es una cuestión delicada e importante. Pueden haberse generado bienes comunes que toca ahora repartir, pueden haber hijos y toca regular el régimen de visitas, custodia, pensiones alimenticias y gastos a abonar…

Si bien se exige que hayan pasado tres meses desde la celebración del matrimonio para optar al divorcio express, lo realmente importante es saber que el matrimonio ya no tiene por qué ser una condena: gracias a la Constitución tenemos derecho a poner fin a una relación que no nos satisface como hacía, podemos vivir libres y sin la losa que un matrimonio ya no querido supone para las personas.

Si nació en libertad, también debe poder acabar por la libertad de decisión de los cónyuges, con la necesaria intervención de la autoridad judicial, y siendo salvaguardados los derechos de ambos futuros ex cónyuges.

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