De los derechos y deberes fundamentales de las familias

Una de las decisiones más importantes de la vida de una persona es la de formar una familia. Afecta a su convivencia cotidiana, al régimen económico de los bienes que posee y poseerá y, si hay hijos de por medio, afecta por los cuidados que se les debe procurar. Por tanto, de la decisión de formar una familia nacen derechos y deberes fundamentales de las personas.

La sociedad ha evolucionado mucho desde 1978 hasta la actualidad y la familia se ha convertido en un concepto mucho menos rígido, más líquido y con diferentes modelos, pero los derechos que supone han permanecido básicamente inmutables, así como los deberes.

La relación familiar implica, en realidad, una correlación de derechos y deberes fundamentales entre las personas que la componen, donde a que cada uno de ellos tiene derechos y obligaciones frente a cada uno de los restantes miembros. Podemos destacar entre esa correlación de derechos y deberes los siguientes:

  • igualdad entre cónyuges,
  • respeto mutuo,
  • cuidado y asistencia entre sus miembros,
  • convivencia,
  • patria potestad de los padres sobre los hijos,
  • derecho de representación de los padres sobre los hijos,

Además, las familias no son algo estático e inmutable, como pasaba antes de la Constitución. Antes había un modelo de familia único, basado en el dogma de la indisolubilidad del matrimonio heterosexual, basado en su carácter sacramental y en el papel secundario de la mujer respecto al hombre, perpetuando una desigualdad cotidiana y permanente.

La Constitución, en su artículo 32, trajo dos importantes novedades: la igualdad de los cónyuges y la posibilidad de romper el vínculo. Cuestiones ambas que implican derechos y deberes fundamentales para las dos partes (para todas las partes implicadas, en realidad).

La evolución de la sociedad ha hecho evolucionar, y mucho, el concepto de familia que se tiene respecto al de 1978.

Problemas arrastrados al interior de la familia

La creciente tendencia del autoempleo, el freelance y el emprendimiento precisan considerar muchas cuestiones. Porque ser empresario (a la escala que sea) ya es una actividad de riesgo, dadas las exigencias normativas y la responsabilidad que pesa sobre ellos. Entre ellas, podemos destacar las siguientes:

  • Si creo una empresa y no me va bien, ¿puede verse afectada mi familia? ¿Y nuestra vivienda?
  • Si no puedo pagar a la Seguridad Social o a los trabajadores, ¿me pueden embargar? En ese caso ¿cuánto? ¿Podré cuidar de mis hijos?
  • Si estoy divorciado y pago una pensión de alimentos a mis hijos, ¿me puede embargar Hacienda por una deuda de impuestos? ¿Quién tiene preferencia en ese caso, mis hijos o la Administración? ¿Me quedaría bastante para vivir?
  • El banco quiere que avale personalmente el préstamo que necesito para mi empresa, ¿qué consecuencias puede tener eso?

 

La crisis y los problemas de solvencia de las personas exigen plantearse cómo proteger el patrimonio familiar y la protección del sustento de los hijos, para lo que es necesario plantearse consultar con abogados de familia ante ese tipo de situaciones. Especialmente, antes de que lleguen a darse.

Anticipando problemas para la familia

Aunque todo funcione adecuadamente en la familia, ante situaciones de riesgo patrimonial puede ser conveniente consultar con abogados de divorcio por si resulta una opción válida romper el vínculo con el fin de proteger el bienestar de la propia familia.

Por supuesto, en caso de que la convivencia entre la pareja ya no sea satisfactoria, lo ideal es comportarse civilizadamente y disolver el vínculo matrimonial, para lo que es una sabia opción consultar con profesionales. Especialmente debe hacerse en caso de que haya menores, patrimonio en común, o no resulte fácil tratar personalmente con la expareja.

Cualquier otra opción acaba desembocando en serios conflictos interpersonales, lo que siempre complica las situaciones y dificulta sus soluciones.

Las situaciones que pueden llegar a darse con casi innumerables, pero siempre es preferible resolverlas de forma justa y adecuada a las circunstancias que existan. Y sin dejar que el dolor que se pueda sentir tome el control: es preferible cederlo a profesionales que velen por los intereses de los implicados de un modo lo más objetivo posible.

La coherencia con la situación que se vive y el respeto a los demás es otro de los derechos y deberes fundamentales que deberían presidir toda relación humana, como la familiar.